Clea Saal

Laira (ciencia ficción/español)

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Título: Laira
Autora: Clea Saal
Género: ciencia ficción
Idioma: español
Formato: tapa blanda
Páginas: 127
ISBN:978-1477567674
Precio: US$9.95

5.

La primera vez que sostuvo a Laira 5 entre sus brazos, Laira 4 se sintió totalmente abrumada. No, no era la primera vez que veía a un bebé, pero aún así la idea de que un ser humano pudiera ser tan pequeño le parecía inconcebible. En ese sentido la presencia de las demás le resultaba extrañamente reconfortante, las cinco estaban ahí, como debía ser. Habían pasado casi trece años desde la última vez que habían tenido una 5, y si bien la 4 sabía que la 5 estaba destinada a existir solo por unos pocos años, eso no la preocupaba.

En forma casi instintiva, Laira 4 buscó el apoyo de Laira 3, y la 3 le respondió con un pequeño gesto, haciéndole saber que lo que estaba pensando estaba bien. Al cabo de unos minutos Laira 4 depositó a la 5 en los brazos de Laira 3, y de ahí la pequeña fue pasada a los brazos de Laira 2 y finalmente a los de Laira 1. En ese momento la 5 comenzó a llorar, y fue rápidamente devuelta a los brazos de la 4.

Las Lairas mayores estaban planeando su próximo cumpleaños. Laira 5 había llegado casi dos semanas antes de esa fecha, y su presencia iba a darle un significado especial a la celebración. La 5 era el brote que simbolizaba la supervivencia y el crecimiento del árbol.

Su conversación fue interrumpida por la aparición de las doctoras que habían atendido el parto. Su llegada era esperada. Kyasha 1 se acercó a la cama, seguida de cerca por su propia 3. Las Kyashas examinaron cuidadosamente a las Lairas más jóvenes, cerciorándose de que no hubiera ninguna complicación, pero todo parecía estar en orden, y al cabo de unos minutos se fueron, dejando solas a las Lairas.


Al cabo de tres días Laira 5 fue dada de alta. Una vez en casa la beba fue llevada a la que iba a ser su habitación durante los próximos años. Las Lairas mayores habían sido extremadamente cuidadosas, asegurándose de que todo estuviera donde debía estar.

Todos y cada uno de los juguetes habían sido devueltos a su sitio, y aquellos que habían sido dañados por la 5 anterior habían sido remplazados o reparados. La cuna también había sido repintada y colocada en el mismo sitio que siempre había ocupado, y el mismo móvil de siempre colgaba sobre ella.

El preparar esa habitación era una especie de ritual que se repetía antes de la llegada de cada 5. No había ningún otro lugar en el cual el mantener el cambio a raya fuera tan importante como en esa habitación. El cuarto de la 5 era, después de todo, el santuario en el cual el brote más frágil debía ser resguardado. Las Lairas mayores intercambiaron una mirada. Esa habitación las había acogido a todas alguna vez, estaba llena de recuerdos, recuerdos que compartían, recuerdos que las hacían una.

Al mirarse unas a otras sabían que lo que estaban viendo era en realidad un espejo de tiempo. Cinco encarnaciones separadas entre sí por periodos de veinte años. La mayor había brotado ochenta años atrás, la menor contaba apenas con tres días, y sin embargo eran una misma. Un solo ser, eterno.

Al ver a Laira 5 la 4 se vio a sí misma como había sido veinte años atrás, y al ver a su alrededor se vio en veinte, cuarenta y sesenta años. Las mismas facciones en distintas etapas de la vida. Eso era algo que había sabido desde siempre, por supuesto, pero al mismo tiempo era algo en lo que nunca se había parado a pensar. Siempre había sido consciente de su propia identidad. Desde el primer día sus predilecciones habían sido conocidas, y eso le había evitado el sufrimiento de tener que descubrir esas cosas por sí misma mediante un complejo proceso de prueba y error. Por otro lado la presencia de las otras también le daba la certeza de que siempre iba a haber alguien ahí para guiarla.

Las Lairas mayores sabían que todavía tenían unos cuantos días para acostumbrarse una vez más a los cambios en su rutina que implicaba el mero hecho de tener una 5. Sabían exactamente que era lo que tenían que hacer y como hacerlo, y por lo tanto el adaptarse a la presencia de la pequeña no les resultaba un ajuste difícil. Se trataba simplemente de otro cambio de estación, como tantos que habían vivido antes, y la única que se sentía abrumada por la situación era la 4, pero incluso eso era parte de lo que cabía esperar, y por lo tanto ya estaba contemplado.

Las demás sabían que la única referencia que tenía la 4 de lo que implicaba la presencia de una 5 provenía de sus primeros recuerdos, pero incluso esos recuerdos estaban marcados por una perspectiva que era completamente diferente. Sí, la 4 sabía todo lo que tenía que saber para cumplir con su papel, pero saber no es lo mismo que entender y las tres Lairas mayores eran plenamente conscientes de que tan sorprendida y desorientada se había sentido la 4 la primera vez que había oído llorar a la 5. Todas recordaban claramente la primera vez que habían tenido a sus propias 5 entre sus brazos, y por lo tanto conocían todos y cada uno de los pensamientos que pasaban por la mente de la 4 mucho antes de que esta fuera consciente de ellos. Ese conocimiento también les permitía hacer frente a cada crisis en potencia mucho antes de que esta pudiera llegar a manifestarse.


A media noche Laira 1 se acercó silenciosamente a la cuna. La 5 estaba profundamente dormida y la 1 se aseguró de no despertarla al tomarla en brazos. Permaneció ahí, abrazando a la beba durante un par de horas, consciente de que esa pequeña iba a ser su última 5, y de que el guiarla en sus primeros años iba a ser su responsabilidad. Era su deber asegurarse de que la pequeña tuviera una base sólida sobre la cual crecer. Laira 1 sabía que algún día esa pequeña se iba a encontrar a sí misma en ese mismo sitio, con una nueva 5 entre sus brazos y haciéndole frente al enorme desafío de tener que ayudar a esa pequeña a convertirse a su vez en Laira.

Desde una perspectiva racional la 1 sabía que el tener una 5 en casa era siempre lo mismo, pero al mismo tiempo siempre había algunas diferencias. Recordaba que como 4 se había sentido abrumada, como 3 el entusiasmo había sido su principal emoción, como 2 había logrado mantenerse tranquila y bajo control, y ahora como 1 se sentía reconfortada por la certeza de que el árbol iba a seguir creciendo cuando ella ya no estuviera ahí.

El hecho de que la 5 solo fuera a existir por unos pocos años no la preocupaba demasiado, así era como debía ser. Las 5 eran raras y preciadas, casi nunca existían por más de diez años, aunque la 1 recordaba que una vez había conocido a una 6. Eso la había tomado por sorpresa, las 6 eran tan inusuales y su presencia traía consigo tanta confusión. Cierto, cuando había una 6 su cuidado recaía principalmente en la 2 y no en la 1, pero bajo esas circunstancias la 1 también solía requerir de ciertos cuidados, y por lo tanto la 2 tendía a verse abrumada por lo inusual de la posición en la que se encontraba. El tener una 6 no era algo sano, no desde la perspectiva del árbol, pero la 1 sabía que a veces sucedía. Era inevitable, aunque por lo menos esa situación tendía a corregirse más bien rápido. Ese no era el caso cuando un brote debía comenzar sus días como 4.

Cuando eso sucedía la situación solía tardar mucho más en corregirse a sí misma. Cuando un brote comenzaba como 4 era porque la rama en sí había sido dañada, y por lo tanto todos los esfuerzos del árbol debían dirigirse a reparar y contener ese daño, a evitar que se expandiera por el resto del bosque. En esos casos el crecimiento del árbol se estancaba hasta que una 5 pudiera hacer su aparición.


Laira 1 estaba totalmente agotada. El tratar de seguirle el ritmo a la 5 le resultaba cada día más difícil.

A los dos años, Laira 5 estaba empezando a explorar los límites, a ver que tan lejos se le iba a permitir llegar. Lo cuestionaba todo y también insistía en probarlo todo por si misma. Faltaban aún cuatro meses para que su cuidado quedara, al menos en parte, en manos del centro de desarrollo, y Laira 1 se preguntaba como se suponía que debía sobrevivir hasta entonces.

Sí, era cierto que todas las Lairas mayores estaban involucradas en el cuidado y la educación de la 5 en mayor o menor grado, pero las demás tenían también su trabajo, un trabajo que las mantenía lejos durante horas, un trabajo que había sido un componente importante de su propia vida durante más de sesenta años pero que ya no era el suyo. Esa era una de las cosas a las cuales la 1, incluso al cabo de dos años, aún no había logrado acostumbrarse.

Laira 1 volvió su atención a la 5. La pequeña estaba jugando con unos bloques de colores. Laira 1 sabía que al guiar su desarrollo estaba garantizando la continuidad de ese trabajo que tanto añoraba. A fin de cuentas ambas eran parte de ese todo que era Laira. Brotes de una misma rama, parte de un mismo árbol… y sin embargo Laira 1 no podía dejar de sentir que no era lo mismo.

La llegada de Laira 4, y los gritos de alegría de la 5, hicieron sonreír a la 1. Eso significaba que las demás habían terminado su trabajo por ese día, y también significaba que la 1 finalmente iba a poder relajarse e incluso gozar de un poco de conversación adulta. Esa era otra de las cosas que añoraba. Las otras también le ayudarían a cuidar a la 5 por un rato, hasta que llegara la hora a la que la pequeña solía irse a dormir.


Laira 5 estaba haciendo hasta lo imposible para contarles todos los detalles de su primer día en el centro de desarrollo. Las otras Lairas la escuchaban con una sonrisa indulgente, aunque a veces era difícil seguir sus balbuceos. Ese día había marcado su primer contacto real con otras 5 y la pequeña estaba increíblemente sobreexcitada. Por primera vez en su vida se había alejado de las otras Lairas… por primera vez en su vida se había visto rodeada de brotes que no eran como ella.

Las demás apenas si tenían un vago recuerdo de lo que ese día había significado para ellas, pero las tres mayores recordaban claramente el haber visto el mismo entusiasmo que ahora veían en los ojos de la 5 reflejado en los ojos de aquellas Lairas menores que ellas mismas. Todas habían pasado por la misma experiencia y eso les permitía saber que era lo que la 5 iba a decir antes de que lo dijera. Todas recordaban a las niñas que la 5 había conocido ese día y sabían también como debía ser su futura relación con cada una de ellas. Todo parecía estar bien hasta que la 5 mencionó un nombre inesperado entre los de sus nuevas amigas: Zaya.

Las Lairas mayores no dijeron nada, solo intercambiaron una mirada de preocupación entre sí. Las palabras no eran necesarias, todas sabían lo que eso significaba y también sabían que era lo que tenían que hacer. Sabían que no podían permitir que esa amistad floreciera. Laira y Zaya nunca habían sido amigas, pero sus respectivas 5 eran aún demasiado pequeñas para ser conscientes de ello. Era una situación delicada, una que debía ser tratada con muchísimo cuidado, pero al mismo tiempo las Lairas mayores confiaban en que las Zayas también iban a hacer todo lo necesario para ponerle fin a esa incipiente amistad, de modo que no hacía falta molestar a las Mornias, no todavía.

Las Lairas sabían que, como la responsable del centro de desarrollo, Mornia no solo era consciente de que amistades debía cultivar cada brote, sino que también sabía como asegurarse de que esas amistades florecieran. Si, podían darse el lujo de esperar un par de semanas a ver si el problema se resolvía solo.

Después de eso las demás les prestaron aún más atención a las palabras de la 5, tratando de cerciorarse de que no surgieran otros inconvenientes. El momento era propicio para que la pequeña comenzara a aprender más sobre las cosas que le gustaban y las que no. Hasta ese día habían tenido cuidado de no exponerla más que a aquellas cosas que se esperaba que disfrutara, pero ella misma estaba mostrando una curiosidad cada vez mayor por aquellas cosas que le decían que le desagradaban. El hecho de que la niña no se conformaba con lo que le decían, sino que insistía en probarlo todo por sí misma inquietaba a la 4, que no recordaba como ella había hecho lo mismo alguna vez. Esa etapa de ‘exploración y descubrimiento’ constituía uno de los periodos más delicados en la formación de una 5. Después de todo siempre cabía la posibilidad de que no tuvieran éxito, de que una 5 decidiera que algo le gustaba independientemente de lo que las demás dijeran, o hicieran, para demostrarle lo desagradable que era, o podía darse el caso contrario y que un brote desarrollara una cierta aversión a algunas de sus cosas favoritas.

Ese era uno de los motivos por los cuales se hacía tanto énfasis en los primeros cinco o seis años de la vida de un brote: todas sabían que incluso la más mínima perturbación en esa etapa podía afectar el futuro desarrollo del árbol. Para evitarlo las 5 pasaban los primeros tres años de su existencia prácticamente confinadas a sus propias casas, y bajo la mirada vigilante de las 1. Después de eso se les permitía convivir por primera vez con los brotes de otros árboles en el entorno controlado de los centros de desarrollo.

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Esos centros habían sido cuidadosamente concebidos para minimizar las sorpresas. Las niñas y las maestras en cada uno de ellos habían estado juntas durante generaciones, y eso a su vez servía para garantizar que el primer contacto de los brotes con el mundo exterior no tuviera consecuencias negativas. Todas sabían lo que estaba en juego, todas sabían que los brotes que quedaban bajo el cuidado de esos centros aún no estaban formados, que todavía eran extremadamente maleables y que por lo tanto eran también extremadamente vulnerables. Las responsables de esos centros conocían bien a cada uno de los brotes que estaban bajo su cuidado, y sabían también que era lo que debían esperar de cada uno de ellos. Sabían que debían alentar y desalentar ciertas amistades, y sabían también que habilidades debían ser fomentadas en cada 5. Era un buen sistema, uno que garantizaba que las habilidades naturales de cada una de las pequeñas fueran maximizadas, al tiempo que se les evitaba a los brotes la frustración de tener que descubrir, tras numerosos fracasos, que había ciertas habilidades que simplemente no eran suyas.

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